Entre las múltiples caras de la evaluación de la calidad educativa, la de las políticas y programas asume una relevancia particular en tanto aparece como una herramienta indispensable para planificar y gestionar las políticas públicas de los Estados de modo más transparente y eficaz.

Hace unas décadas, la evaluación se planteaba como la última etapa de un proceso lineal de formulación / implementación de programas y proyectos. En la práctica el proceso de planificación/ejecución/evaluación es una unidad, conformada por momentos en continua retroalimentación. Encarada como parte indisoluble de la gestión, la evaluación constituye un instrumento fundamental para reflexionar sobre lo realizado y aprender de lo hecho, haya sido acertado o erróneo, y para introducir oportunamente correcciones que permitan mejorar los procesos y los resultados de las acciones. Su fin último es brindar a los conductores de programas o proyectos, y a otros actores estratégicos, elementos para tomar decisiones acertadas, confiables y fundamentadas acerca de cómo seguir.